Mudanza con ascensor pequeño en los bloques de Sant Boi: medir la cabina antes de embalar

Mudanza con ascensor pequeño en los bloques de Sant Boi: medir la cabina antes de embalar

En los bloques del llano el camión aparca en la puerta y la dificultad se traslada al interior del edificio: una cabina de los años setenta se queda corta para casi todo lo que tiene una casa. Contamos cómo se mide, qué piezas no pasan nunca y qué alternativas hay cuando el ascensor no sirve. Es la duda que más aparece al pedir un pressupost de mudances en un piso de bloque.

Cómo se mide la cabina de un ascensor de los setenta en Ciutat Cooperativa

Se toman tres medidas dentro y una fuera. Dentro: el ancho de la cabina, su fondo y, sobre todo, la altura libre hasta el techo, que es la que decide si una pieza larga puede colocarse de canto. Esa tercera cifra es la que más veces se pasa por alto y la que más veces manda. Fuera, en el rellano, se mide el hueco de la puerta, que suele quedar por debajo del ancho interior y funciona como el verdadero cuello de botella.

Se mira además cómo abre esa puerta. Una hoja de fuelle se repliega contra el lateral y roba unos centímetros de paso; una batiente necesita espacio en el rellano para abrirse del todo y obliga a maniobrar el mueble con la puerta abierta, lo cual cambia el ángulo de entrada. Con esas cuatro cifras y ese detalle apuntados en la visita se sabe, antes de comprar una sola caja, qué mobiliario sube por el ascensor y qué mobiliario no.

El armario de tres cuerpos y el somier: lo que no entra en un ascensor de Vinyets

La lista de piezas que fallan se repite de bloque en bloque: el armario de tres cuerpos, el somier y el colchón de matrimonio, el sofá de tres plazas, la mesa de comedor entera y la nevera de dos puertas. Todas comparten lo mismo, un lado largo que supera la altura útil de la cabina. Antes de embalar nada se contrasta cada una con las medidas tomadas, y el resultado se escribe en el plan del día para que nadie tenga que decidirlo sobre la marcha.

Después se separan en dos grupos. Lo que admite desmontaje pierde volumen y baja por escalera sin problema: un armario se convierte en costados, puertas y baldas, y una mesa viaja con las patas aparte. Lo que no se puede desarmar sin perder rigidez —el sofá tapizado, el colchón, la nevera, el somier de una pieza— sale por fachada. El criterio es sencillo y se aplica pieza a pieza: lo que se desmonta baja a mano, lo demás va por el balcón.

Cuando la escalera es la alternativa: peldaño, giro y pasamanos

La escalera se lee igual que se lee la cabina, con números. Interesan el paso que queda libre una vez que el pasamanos ha comido su parte, la altura de cada peldaño, cuánto espacio de giro sobra en el descansillo para un mueble que no se dobla y si el ojo de escalera sirve para subir algo largo en vertical. Con eso se sabe si el mueble baja a hombro o si conviene descartar la escalera desde el principio y buscar otra salida.

La planta cambia mucho la cuenta. Desde un segundo o un tercero, bajar a mano suele salir a cuenta; a partir de ahí cada altura añade un tramo por bulto y el tiempo se multiplica, sobre todo con muchas cajas. Antes de empezar se protegen la barandilla, los peldaños y el suelo del portal, que es por donde pasa todo el peso de la jornada, y se retira esa protección al terminar para dejar la finca como estaba.

Elevador de fachada en un bloque de Camps Blancs: qué hace falta en la calle

El elevador necesita calle. Hace falta un tramo de acera o de calzada libre delante de la vertical por la que va a subir, con firme estable donde asentar los apoyos y sin coches ni contenedores alrededor. En muchos de estos bloques el vado del portal ya da esa superficie; cuando no la da, se tramita la reserva de estacionamiento con antelación y se señaliza el tramo la víspera para que amanezca despejado y el montaje empiece a la hora.

Se planta a primera hora de la mañana, antes del reparto y antes de que la calle se llene, y desde ese momento el ritmo cambia por completo: una carga que a mano ocuparía la jornada entera se resuelve en unas horas, porque los bultos dejan de pasar por la escalera. La ventana o el balcón por donde entra el material se miden antes, igual que en origen, para asegurar que el mobiliario pasa con la protección puesta y sin forzar la barandilla.

Montamuebles por el balcón cuando el patio de luces no da

El montamuebles es el recurso para lo que no encaja ni en la cabina ni en la escalera ni en la fachada principal. Se emplea cuando la pieza tiene que salir por el balcón trasero, y ahí lo que se estudia es la vertical entera: el vuelo del balcón, la altura y el estado de la barandilla, los tendederos, los toldos, los cables y los aparatos de aire acondicionado que sobresalen en las plantas de abajo. Todo eso se comprueba desde el patio antes de decidir nada.

La maniobra la ejecutan dos equipos coordinados, uno arriba, en la vivienda, y otro abajo, recibiendo la pieza y estibándola. Se trabaja con la carga siempre a la vista de las dos partes y con una sola persona dando las indicaciones, para que no haya dos voces. Dicho sin dramatismo: en las fincas del llano esta operación se hace a diario y forma parte del trabajo corriente, no de las excepciones. Sale, además, más rápida que insistir en la escalera.

Qué suma al presupuesto de la mudanza un ascensor que no sirve

El sector sitúa un traslado dentro de la misma comarca en una horquilla de 300 a 1.000 €, y ese margen es donde se nota el peso de un ascensor que se queda corto. Sobre él pesan tres cosas contables: más operarios en el equipo del día, más horas de trabajo porque los bultos dan un rodeo, y medios de elevación que hay que llevar y montar. Se trata de un rango publicado en el ramo, no de una tarifa nuestra.

La cantidad del encargo concreto sale del aforo y se firma antes de reservar la fecha, con el detalle de qué medios entran. Y ahí está lo que de verdad ahorra dinero: saberlo de antemano. Un elevador previsto se contrata al precio de un elevador; un elevador que aparece a media mañana, con el equipo esperando en el rellano y el armario a medio envolver, se paga en horas perdidas que ya no se recuperan. La sorpresa es lo caro.

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